lunes, 25 de agosto de 2008

Los puntos.

Los puntos... Puntos por comprar aqui, por comprar allá, por comprar con esta tarjeta que previamente has solicitado... Esto si que es el opio del pueblo y no la religión.

Todos tenemos una tarjeta que nos hacen en tal gasolinera o en tal tienda de ropa de una cadena cuyo propietario en un gallego forrado, o en los supermencados o incluso lo último que he visto, en farmacias, y que sirven para acumular puntos. Estas tarjetas solo tienen un cometido, fidelizar a sus clientes para que no se vayan a la competencia, engancharlos para que utilizandolas puedan acumular puntos en su "cuenta" para luego canjearlos por regalos, articulos, descuentos, etc.

Pues bien, mi compañero se dedica a realizar durante toda la semana reparto de mercancías entre los distintos puestos de trabajo de nuestra empresa. Él, por supuesto paga el combustible con la tarjeta de crédito de la empresa, pero a su vez, pasa "su tarjeta" particular para que le carguen los puntos correspondientes a ese carburante en su cuenta. Ni que decir tiene, que estas promiciones no son válidas para empresas y sí para particulares, por lo que aunque la empresa quisiera beneficiarse de esos puntos no sería posible.

Mi compi esta practicamente toda la semana viajando, va con el camión para arriba y para abajo, por lo que reposta bastante carburante que se traduce en que "su cuenta particular de puntos" sube mas que los precios de éstos últimos (y eso es defícil).
Muchas veces he comentado con él los regalos que saca con esos puntos que realmente son suyos, aunque los saca gracias al carburante de la empresa, y tiene de todo, relojes, cazadoras, consolas de videojuegos... regalos que para una persona que reposta una vez a la semana serían practicamente inalcanzables con el saldo de un año de puntos.

Aquí viene lo graciosos por una parte, pero ruín y rastrero por otra.

Uno de mis jefes, que también viaja durante toda la semana, carga religiosamente los puntos correspondientes al carburante que resposta en su vehículo (obviamente, tambien de empresa) a su tarjeta particular, como hace mi compañero (no hay que ser una lumbrera para hacerlo). Pues bien, llegando este año pasado el ring ring de los cascabeles, los anuncios de juguetes y las luces por las calles (que asco, si, si, la fiestas esas de finales de diciembre) empieza a planificar los regalos para estas tan señaladas fechas y echa un vistazo a su saldo de puntos para ver "que rascar" y no tener que rascarse él el bolsillo.

Y el hombre, que es tacaño, agarrao y ruín como él solo, al que le faltan 5.000 puntos para pedir el regalo "x", se le enciende la bombilla y un frio día de diciembre entra en el almacen con su cara de garbanzo y su soniquete de voz y le pregunta a mi compañero: -Hombre Juan, buenos días. Esto... que te iba a decir. Tu pasas la tarjeta xxxxx cada vez que repostas gasoil para el camión no? - Claro jefe. - Ya, es que yo hago los mismo y me faltan 5.000 puntos para pedir el regalo xxxx, y claro, como esos puntos en realidad deberían de ser de la empresa, he pensado a ver si me lo pides tu con tu tarjeta... jejeje. Mi compañero se pone de todos los colores y no sabe si salir corriendo o soltarle una colleja bien dada a mi jefe al grito de "como se puede ser tan cabronazo". Pero como la cosa está como está y no es cuestión jugarsela... - Claro jefe... no hay problema. Y el tío pasa por el aro.

Mi jefe, que ya de por si es un cabrón de mucho cuidado en ese momento recapacita, no se si por la cara que pone mi compi o porque se ha dado cuenta de lo rastrera que es su petición, pero recula y le espeta. - No hombre no, utilizalos tu que mas falta te harán que a mi, jejeje.

Después de que mi compi me contara lo sucedido solo se me ocurría una palabra para definir a este sujeto, bueno, en realida cuatro: grandísimo hijo de puta.

¿Vosotros como lo definiríais?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuanto hijo de puta suelto... si es que casi todos los jefes lo son. Si no no serían jefes.. no?